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El cáncer de próstata es la segunda forma de cáncer más común en los hombres. De hecho, 1 de cada 9 hombres será diagnosticado a lo largo de su vida. La Sociedad Americana del Cáncer estima 174.650 nuevos casos y 31.620 muertes por cáncer de próstata en 2019.

Con las técnicas de cribado actuales, los cánceres de próstata suelen detectarse ahora lo suficientemente pronto como para que, con el tratamiento, permanezcan dentro de la glándula prostática y no se extiendan ni causen daños al paciente. Sin embargo, los tratamientos agresivos, como la extirpación de la próstata o la radioterapia, pueden provocar dificultades en las funciones urinaria y sexual.

Walser, autor principal, profesor de la UTMB y jefe del departamento de radiología, ayudó a establecer un método menos invasivo para localizar y extirpar sólo el tejido canceroso de la próstata, denominado ablación láser focal o FLA. Este procedimiento ambulatorio tiene muy poca recuperación o dolor y preserva las funciones eréctil y urinaria.

“La FLA ofrece a los hombres más tranquilidad que la vigilancia activa o la ‘espera vigilante’, la alternativa tradicional al tratamiento radical”, dijo Walser. “La FLA empareja las imágenes de resonancia magnética para identificar las zonas sospechosas de cáncer en la próstata y la tecnología láser avanzada para extirparlo por completo, prácticamente sin riesgo de impotencia o incontinencia”.

En 120 hombres con cáncer de próstata de riesgo bajo a intermedio tratados con FLA, el 17 por ciento necesitó un tratamiento oncológico adicional al cabo de un año, sin que se produjeran cambios notables en la calidad de vida o la función urinaria.

En un pequeño grupo de hombres que se sometieron a una FLA más agresiva, sólo el 6 por ciento tenía indicios de cáncer un año después. Sin embargo, todos estos hombres notaron un descenso significativo en el recuento de espermatozoides.

“Otros estudios han demostrado que tras la extirpación completa de la próstata, entre el 15 y el 30 por ciento de los pacientes presentan una recidiva del cáncer entre los 5 y los 10 años siguientes a la cirugía”, señaló Walser. “Aunque la FLA aún no dispone de estos datos a largo plazo, esta técnica podría proporcionar en última instancia un control similar del cáncer y preservar mejor la calidad de vida”.

Otros autores son Anne Nance, Leslie Ynalvez, Shan Yong, Jacqueline Aoughsten, Eduardo Eyzaguirre y Stephen Williams de la UTMB.