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Salmo 104:1-23El Mensaje

Dios, Dios mío, ¡qué grande eres!
Bello, glorioso vestido,
Vestido de sol,
y todo el cielo extendido para tu tienda.
Construiste tu palacio en las profundidades del océano,
hiciste un carro de nubes y despegaste en alas de viento.
Tomaste a los vientos como mensajeros,
nombraste al fuego y a las llamas como embajadores.
Pusiste a la tierra sobre una base firme
para que nada pueda sacudirla, jamás.
Cubriste la tierra con el océano,
cubriste las montañas con aguas profundas;
Entonces rugiste y el agua huyó-
tu estruendo la puso en fuga.
Las montañas se alzaron, los valles se extendieron
en los lugares que les asignaste.
Fijaste límites entre la tierra y el mar;
nunca más se inundará la tierra.
Iniciaste los manantiales y los ríos,
los hiciste fluir entre las colinas.
Todos los animales salvajes beben ahora hasta saciarse,
los burros salvajes sacian su sed.
En las riberas de los ríos los pájaros hacen sus nidos,
los cuervos hacen oír sus voces.
Tú riegas las montañas desde tus depósitos celestiales;
la tierra se abastece de agua en abundancia.
Haces crecer la hierba para el ganado,
el heno para los animales que aran la tierra.